domingo, 1 de enero de 2012

Me dejas totalmente inútil.

Su espalda estaba llena de manchas por el sol, se habían impregnado en él dejandole el dibujo mas extraño y a la vez hermoso que jamás había visto; mi amor pasaba demasiado tiempo en el mar atrayendo rayos ultravioletas, mientras yo lo miraba.
Jugué a atrapar su luz durante varios años, hasta que una versión cobriza de su reflejo me enmarcó, y me vi obligada a olvidarlo, y con él, mi deseo de convertirme en una flor deshojada por sus dedos.
También jugué a arrancarle los botones de su camisa, como si de las hojas de un cuaderno se tratasen, jumagamos a hacernos placajes en la orilla del agua mi último domingo por la noche; hasta que un lobo, corriendo, me separó de sus brazos. Para la próxima vez que nos miramos todo era completamente diferente.
Juré no olvidar jamás aquella sensación. Como tampoco olvidaré nunca la forma en la que inclinó su cuello y sonrió para decirme -¿Eres un cofre? El primer amor nunca se olvida, y menos si lo escribes con tiza en un tulipán amarillo. El verdadero número uno.

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