Hacía tiempo que no sentía las piernas de un hombre entre las mías, y se agradece volver a recordar el calor y los escalofríos, sobre todo el tacto que se produce al rozar su vaquero con mis medias, antes de quedarnos desnudos; la melodía que reproducen mientras me agacho, muy pegada a ti; que solo es posible escucharla con el más absoluto silencio.
Es imposible no recordar el movimiento de unos dedos a pesar del paso del tiempo, y es más difícil aún reproducir como ocurrió todo en realidad, evitando cualquier fantasía o cambio; es tan complicado que vivimos codo con codo con miedo de volver a empezar de cero y equivocarse.
Pánico.
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