domingo, 1 de enero de 2012

Paulie Waltieri, Daniel Hernández Martín.

Has marcado cada una delas etapas de mi vida, y me has enseñado, sinceramente, todo lo que se y conozco.
Escribo esto con lagrimas en los ojos, que no cesan, y se convierten en lágrimas sobre la camisa, como el pantalón, sobre el ordenador.. Nunca has querido hacerme llorar, pero tanto en los momentos buenos, como el los malos, mi rabia saltaba y se derramaba en agua con sal.
Te escribí cientos de cartas de amor, cada una con el mismo comienzo, tu nombre; y el mismo final, el mío. Pero esta, ya ha dejado de ser una carta de amor, es superior, está un escalón por encima del odio, incluso, por encima de ti.
Juramos no decirnos nunca "adiós", y creo que es la única promesa que aún no habíamos roto, me he odiado a mi misma al escribirlo esta mañana, al mandártelo con toda mi furia y orgullo. Como bien me has dicho, me has vuelto loca.
No debería pedirte perdón por nada, ya que tú, el culpable de mi adición al caos, no has mostrado ningún respeto hacia mi; pero he de confesarte que te he mentido, hace escasos minutos, cuando te he jurado que no te amaba, que ya no; por que lo hacía, te quería con todas mis fuerzas al escribir. Y aún lo sigo haciendo.
A pesar de ti, a pesar de todo.
Guardaré cada recuerdo en mi corazón, y tatuaré lo que significaste en mi cuerpo, para no olvidar que soy vulnerable a casa paso de gesto que das. 
Para no olvidarme nunca de ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario