Cambia radicalmente. Bajo, bajo, y bajo; no soy capaz de contar las notas de la canción, pero tiene una letra de lo más desagradable, la canta él, la patata; pero su estado es tan perfecto que no se acuerda de la letra, de la canción, de la guardería.
Aumentan mis náuseas con el skinhead, que sigue tocando, y sonando.. Aunque ahora me empeñe en conservar esta sensación, y el mareo; en un frasco de vidrio, se que cuando vuelva a mis oídos no será jamás el mismo sentimiento, ni la misma sensación de pesadez en mi cuerpo; pero será mejor que el recuerdo -ese que distorsiona y deforma la realidad-.
Se que es la hora de irme, pero se han metido dentro de mi, las ganas, y reconozco el ritmo de lo que sea que sus manos me susurran, ardo en ganas de ponerme a gritar su letra, mientras muevo los pies; ahora cuando escuche estos acordes cantaré a las canicas de un amigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario