Oh, mi querido amante de ballet ruso. No alcanzo a pronunciar tu nombre, pero es lo menos importante en esta noche. Me estás seduciendo desde el escenario, descalzo, descamisado, y con una palidez tan intensa, que puedo sentir tu sangre calentar mis venas. Quiero perderme en tu espalda mientras me hablas, no quiero entender nada de lo que tengas que decirme.
Oh, mi querido amante de ballet ruso. Veo como la envuelves entre tus brazos y la forma en la que da vueltas en ti. Me muero de celos y envidia. Quiero de tu lucidez participando en mis piernas, y que me acaricies con las manos abiertas dejando tu esencia en un jarrón, para poder guardarte; y recordar como supliqué por más desde mi butaca.
Oh, mi querido amante de ballet ruso. No soporto esos movimientos, debería ser yo quien baile tus fantasías, quien se enroque en tus piernas para que me amarres de las manos, me reduzcas, me atravieses, y me lleves contigo a la profundidad de la pared roja que te da cobijo, sentirte en el suelo de madera donde se alzan tus puntillas.
Oh, mi querido amante de ballet ruso. Moriría ahora mismo por ser tomada en tus brazos, dotada por tu voz y el sonido de la música. Recompensada con la idea del tacto, fuerte, de tus dedos y tus lágrimas, las cuales deberían recorrer mi cuerpo, cayendo de tus mejillas a mi cuello, en busca de cobijo y mis secretos más profundos.
Oh, mi querido amante de ballet ruso. Hazme volvar, hazme tuya. Pon punto y final a esta obra, a mi humedad, y satisface mis pulsaciones que no pueden controlarse. No me conformo con poseerte por las noches, también te quiero aquí, y ahora; a mi lado, haciéndome sentir el placer más puro al que solamente llegamos a través de la música.
Oh, ámame y fóllame en este mismo escenario.
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