martes, 24 de enero de 2012

La metáfora de la erección potro.

Me pasaría la eternidad tirada en una cama escuchando Extremoduro, y esto es así. Mi vida bien podría definirse en un millón de canciones y un único corazón roto en mil pedazos; mi esencia, hace meses que ha desaparecido y solo me queda el consuelo de las letras moralmente prohibidas que resuenan en mi cabeza.
Mucha música, sabores dulces y calor humano; es todo lo que quiero recordar el día de mi muerte, que cuando pase una película con mi nombre por delante de mis ojos, esta tenga una banda sonora brillante y muchos fotogramas de su cuerpo desnudo. Juro de forma radical que ya no querré nada, que todo lo material y superfluo estará de más cuando lo tenga a él conmigo, en un contexto apasionado y salvaje. Que viviré a base de su aliento y su sudor, combinándolo al ritmo de una buena base de rock and roll.

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